La colaboració de la Fundació Quetzal i el carmel descalç seglar de Guatemala

 

La fundació Quetzal de Catalunya col·labora amb el Carmel Descalç Seglar de Guatemala. Aquest té molta vitalitat. Fins i tot un grup nombrós de persones índigenes reben  formació per convertir-se en fraternitat del Carmel Descalç Seglar.

La fotografia vol fer memòria del recés que el passat 24-26 d’agost els carmelites del carmel descalç seglar de Guatemala realitzaren junt amb un grup de persones indígenes que están en procés de formar una fraternitat ocds i la  Paquita Pérez membre del carmel descalç seglar de la fraternitat de santa Teresa de l’Infant Jesús de Mataró i  fundadora de la Fundació Quetzal. Aquesta fundació porta a terme projectes que ajudin al progrés d’alguns dels països més pobres, entre ells Guatemala, Etiopía i la India.

Fundació Quezal

Activitats a Guatemala

Anuncios

2. Los dones que Teresa y cada uno de nosotros recibimos en el Bautismo

El sábado, día 4 de enero de 1873, en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Alençon, de la diócesis de Séez, Teresa Martin, recibirá las aguas bautismales en la fe de la Iglesia. El celebrante será el abate Lucien Dumaine, vicario de la parroquia. En el seno de la Iglesia recibirá los otros sacramentos y será alimentada por la Palabra de Dios.

  1. Dones que aporta Dios Trinidad en el Bautismo[1]

De Dios Padre, dador de todo don, gracias a la muerte redentora de Cristo, en el Espíritu Santo, por medio de la Iglesia, le será concedido a María Francisca Teresa el Bautismo. Este le borrará el pecado original.

Al ser bautizada en el nombre del Padre, El dice «ésta es mi hija»[2]. Al ser bautizada en el nombre del Hijo, Este dice «esta es mi hermana, mi amiga, mi esposa»[3]. Al ser bautizada en el Espíritu Santo, Este dice «ella es un templo donde moraré»[4]. Desde el Bautismo queda bajo la protección de la Trinidad, le queda consagrada, convertida en templo de la Trinidad. Las tres divinas Personas moran en lo más profundo del alma de María Francisca Teresa.

El Bautismo capacitará a Teresa para vivir en Dios Padre, para vivir en Cristo Jesús, para vivir en el Espíritu. Por el Bautismo Teresa tendrá por Padre a Dios, ya que es adoptada como hija en el Hijo, en virtud de la redención obrada por Cristo, y como arras le será dado el Espíritu Santo, para que la santifique y la una a Jesús su Esposo.

El gran don que el Padre da a María Francisca Teresa en el Bautismo es su Hijo, como su Salvador y Esposo. En esta primera gracia, Cristo se da a ella del todo y de una vez. Queda revestida de Cristo. Le es conferida la filiación divina por adopción, es hija en el Hijo, le es otorgada la participación en su misma vida divina, y en su santidad.

Al darle el Padre a su Hijo, le dará a Teresa todo lo demás, porque en El se encierra la realidad entera de la creación y de la gracia. Aunque los desposorios entre Dios y la humanidad se hacen realidad en la Encarnación, se pudiera decir que la personalización de este desposorio se realiza en el Bautismo. Jesús estará en el fondo de su alma como Esposo, El amará a Teresa –por medio del Espíritu Santo– con amor de Esposo. Jesús nunca dejará de amarla como Esposo, pero se acomodará a la maduración humana, psicológica y espiritual de Teresa. El proceso de esponsalización se hace muy poco a poco, a través de la lenta y progresiva asimilación de la gracia «porque lo va Dios haciendo al paso del alma»[5]. Es decir, como recordará Alejo Navarro: «Dios no se da por partes tacañamente; se da del todo en plenitud desde el principio; lo que parecen gracias nuevas o añadidas es la asimilación paulatina, suave y discreta, de la gracia total otorgada. Dios hace que el hombre tome de esa gracia poco a poco, según se va asentando y consolidando la persona desde sus más hondos sustratos»[6].

Desde el Bautismo, Cristo es Esposo del alma y actúa como tal. El alma es esposa también desde el Bautismo, aunque no actúa enteramente como tal. Como nos recordará este mismo autor: «Todo el camino espiritual será en definitiva un proceso de impregnación de la gracia esponsal a todo el ser y obrar del hombre»[7].

Es el Padre quien atrae a Teresa hacia su Hijo Jesús. Es el Espíritu el que le hará reconocerlo como Esposo y hará surgir en el corazón de Teresa un amor ardiente y enamorado hacia Jesús. Teresa corresponderá a este amor esponsal con amor esponsal gracias al mismo Espíritu.

En el Bautismo, con magnificencia divina el Padre le dará a María Francisca Teresa la gracia santificante, la gracia de la justificación que la hace capaz de creer en El, de esperar en El, de amarlo mediante las virtudes teologales, le concede los dones para vivir según Cristo, para obrar bajo la moción del Espíritu.

Además le concederá gracias singulares y únicas, que serán el modo como María Francisca Teresa le deberá glorificar. Entre ellas la capacidad de narrar lo que Dios le conceda vivir. Estos dones que le serán otorgados en el Bautismo ya estaban en la mente de Dios Trinidad desde toda la eternidad, antes incluso de crearla. Le serán concedidos por puro beneplácito de Dios, no por mérito alguno suyo. Ya que Dios, como Teresa misma recordará más tarde, «no llama a los que son dignos, sino a los que El quiere, […] “Tendré misericordia de quien quiera y me apiadaré de quien me plazca. No es, pues, cosa del que quiere o del que se afana, sino de Dios que es misericordioso”»[8].

María Francisca Teresa al ser ungida en su Bautismo con el santo crisma en la frente con la señal de la cruz, significa su incorporación a Cristo (sacerdote, profeta y rey) cabeza del Cuerpo. Por ello simboliza su introducción en la Iglesia pueblo sacerdotal, real y profético y la comunión con la misión mesiánica de Cristo, sacerdote, rey y profeta. Así mismo el sagrado crisma significa que el don del Espíritu Santo desciende a ella para fijar su estancia y convertirla en su templo vivo.

Ya que desde el principio Dios Trinidad obra a lo grande, a lo divino, se da del todo al alma. Le concede la filiación divina, la unión con Cristo, el don del Espíritu, la participación de la naturaleza divina, el desposorio, la inhabitación trinitaria, la incorporación a la Iglesia… Todo ello le es dado a María Francisca Teresa gratuitamente en el Bautismo, y a cada uno de los bautizados. Ello es de una magnificencia, que sobrepasa todos los cálculos humanos.

Estos dones que le son dados graciosamente por la Trinidad Santa se expandirán en su alma a través del Espíritu Santo.  Ello se dará en la medida que María Francisca Teresa, personalice esta fe, con una decisión personal, consciente, libre, y colabore en el desarrollo de la plenitud de su vida espiritual. A través de su fidelidad a la acción del Espíritu Santo llegará a la madurez cristiana, cuando la gracia bautismal llegue a su pleno desarrollo en profundidad y en intensidad.

Dios irá al paso del alma, en la maduración humana, afectiva y espiritual de María Francisca Teresa, hasta que llegue el momento en el que ella irá al paso de Dios. Ello nos lo recuerda san Juan de la Cruz en el único pasaje en que nos habla del Bautismo: «Este desposorio que se hizo en la Cruz […] se hizo de una vez, dando Dios al alma la primera gracia, lo cual se hace en el bautismo con cada alma. Mas […] uno se hace al paso del alma, y así va poco a poco; y el otro, al paso de Dios y así hácese de una vez»[9].

La labor más importante de Teresa será no oponer resistencia a que la gracia bautismal se vaya desarrollando de forma expansiva en su interior, pero esta acabará manifestándose en el exterior. Bajo el impulso del Espíritu crecerá en edad, sabiduría y gracia, hasta llegar a la estatura de Cristo.

El despliegue total del dinamismo inherente a la gracia bautismal, se podrá realizar solo por medio de la acción de las tres divinas Personas, en el interior más profundo de María Francisca Teresa. Ella misma dirá: «Sé muy bien que Dios no tiene necesidad de nadie para realizar su obra»[10], pero Dios Trinidad ha querido hacer participar en su consecución a sus criaturas. Al dar el Bautismo a Teresa por medio de la Iglesia, quiere que sus miembros, tanto los que ya viven en la Jerusalén celestial, o los que peregrinan en la Iglesia militante, participen ayudándola, para que ella viva la vida intratrinitaria en toda su expansión posible en esta tierra. Para que luego Teresa ayude a los demás bautizados a que se dé en ellos la plena expansión de la gracia bautismal.

El Espíritu Santo, en todo su peregrinar terreno, nunca perderá cuidado de Teresa, las mediaciones de la Iglesia serán solo instrumentos para enderezarla en la perfección por la fe y en los mandatos de Dios. El Espíritu Santo será el que tendrá el cuidado de transformar a Teresa en Cristo. Lo hará por muchos medios, pero el principal será la vida litúrgica de la Iglesia. Los sacramentos que en ella recibirá significarán una inmersión permanente y creciente en el misterio de Cristo, ya que el Espíritu actúa en ellos y se comunica en ellos, para transfigurarnos en Cristo, ante todo en la Eucaristía.

Será el Espíritu Santo quien llevará a término el proceso de esponsalización y de cristificación de Teresa, de modo que sea Jesús en Teresa el que viva, así el Padre pueda contemplar en ella el rostro de su Hijo, y esta le ame con su amor. Para que pueda dar a conocer a todos las riquezas inherentes que todo bautizado está llamado a vivir, la Trinidad Santísima llenará a Teresa de sabiduría e inteligencia.


Pistas de reflexión:   

(Para reflexionar sobre estas cuestiones, lee primero detenidamente los dones que recibió de la Trinidad, Teresa al recibir las aguas bautismales).

  1. Cuando fuiste bautizada en el nombre del Padre, El dijo de ti “Esta es mi hija”.

-¿Lo has experimentado como Padre en tu vida, tienes para con El una relación de hija?

2. Al ser bautizada en el nombre del Hijo, El dijo de ti: «esta es mi hermana, mi amiga, mi esposa».

-¿Has experimentado en tu vida a Jesús como Hermano mayor, como Amigo, como Esposo? -¿Tienes para con Jesús una relación de hermano/a, amigo/a y esposa (por el Bautismo)?

3. Al ser bautizada en el Espíritu Santo, El dijo de tí «ella es un templo donde moraré»

-¿Has experimentado en tu interior la presencia del Espíritu Santo? (como luz, fortaleza….)

-¿Eres consciente de su presencia, lo invocas, confías en El, le eres agradecido/a?

4. Desde el Bautismo has quedado bajo la protección de la Trinidad, le has quedado consagrado/a, convertida en templo de la Trinidad. Las tres divinas Personas moran en lo más profundo de tu alma, como en el alma de Teresita.

-¿Eres consciente de ello, invocas a la Santísima Trinidad, la amas, la adoras, confías en Ella?

5. ¿Sabes el día que recibiste el Bautismo, qué sacerdote te lo administró, en qué parroquia?, ¿celebras con gozo y gratitud cada año el día de tu Bautismo, has rezado por el sacerdote que te lo administró, agradeces a tus padres el que velaran para que te fuera concedido el Bautismo?


Notas

[1] Hay que tener en cuenta que el Bautismo es el mismo para todos en su arranque, a excepción de la gracia particular, a través de la cual cada bautizado deberá glorificar a Dios, de un modo singular e irrepetible.

[2] Cf. Mt 3, 17. No es que antes del Bautismo el hombre sea un extraño para Dios, ya que obra suya somos, hechos a su imagen, criaturas suyas, no obstante, el nivel pleno de filiación se accede por la incorporación bautismal a Cristo. No se entra en el tema teológico de los distintos modos de Bautismo (Cf. A. Navarro, Al paso de Dios, al paso del Hombre, 43).

[3] Cf. Ez 16, 8 ; Ct 4, 9 ; Jn 15, 14 ; Ap 21, 9.

[4] Cf. 2Co 1, 22

[5] S. Juan de la Cruz, Cántico espiritual (B), XXIII, 6.

[6] A. Navarro, Al paso de Dios, al paso del Hombre, Ed. Monte Carmelo, Burgos 2000, 334.

[7] A. Navarro, Al paso de Dios, al paso del Hombre, 55.

[8] Rm 9, 15-16. Citado por Teresa en Ms A 2r.

[9] S. Juan de la Cruz, Cántico espiritual (B), XXIII, 6.

[10] Ms A 53r.

 

 

3. La Iglesia doméstica de los Martin (I)

 

María Francisca Teresa por el Bautismo entra a formar parte de la Iglesia universal, a través de la Iglesia particular de la diócesis de Séez, en la parroquia de Nuestra Señora de Alençon. El primer ámbito de su educación en la fe cristiana será su hogar, formado por sus padres, Luis y Celia, y sus cuatro hermanas. Gracias a los desvelos de sus padres, su hogar será una verdadera Iglesia doméstica.

  1. El testimonio cristiano de los padres

Luis y Celia, al desear que todos sus hijos e hijas reciban el Bautismo en la Iglesia Católica, saben que se han comprometido a educarlos en la fe, en la guarda de los mandamientos de Dios, a amar al Señor y al prójimo, con el amor de Cristo. Ellos son cristianos fervientes, procurarán que en su hogar se viva con profundidad la fe cristiana. Dirá Celia: «No vivimos más que para ellos, constituyen toda nuestra felicidad y solo en ellos la encontrábamos»[1].

En este hogar el descanso dominical es sagrado. La oración diaria se hace en familia y las celebraciones litúrgicas van ritmando el curso del año. Las fiestas se celebran con fervor. Ambos esposos tienen una profunda devoción a la Virgen María y la inculcarán a sus hijas. Aspirarán a que sus hijas se consagren a Dios, sin influir en su decisión.

Su piedad no es inflexible ni farisaica, pues saben testimoniar su fe con las obras, ayudando de diversos modos a los pobres. Luis Martin inculcará a sus hijas una verdadera veneración por el sacerdote y la ayuda a las misiones. Ambos esposos ayudarán económicamente a la Obra de la Propagación de la fe.        

Casi al final de su vida, Teresa hará esta descripción: «Dios me dio un padre y una madre más dignos del cielo que [de] la tierra. Pidieron al Señor que les diese muchos hijos y que los tomara para sí. Su deseo fue escuchado: cuatro angelitos volaron al cielo, y las cinco hijas que quedaron en la arena tomaron por esposo a Jesús»[2].

En los esposos Luis y Celia se cumplirá la misión que los padres tienen en la Iglesia doméstica, explicitada por el Vaticano II: «En esta como Iglesia doméstica, los padres han de ser para con sus hijos los primeros predicadores de la fe, tanto con su palabra como con su ejemplo, y han de fomentar la vocación propia de cada uno»[3].

  1.  La educación de la fe en el seno de la familia Martin en Alençon

Además de su testimonio de fe, Luis y Celia ayudarán a sus hijas a personalizar la fe recibida en el Bautismo, les enseñarán a orar, a invocar y a adorar a Dios, a que acojan su santa voluntad con sumisión, con la esperanza de los bienes eternos y a participar en la celebración litúrgica de la parroquia.  Todo el ambiente familiar que rodea a Teresa le transmite la evidencia de la existencia de un Dios, a quien se honra y se reza.  Promoverán los talentos de sus hijas para acrecentar la vida gozosa de la fe. Se les enseñará a realizar actos concretos de caridad: «Teresita era siempre la encargada de llevarles la limosna»[4].

En el Bautismo de cada una de sus hijas, ambos esposos se han comprometido a luchar contra el hombre viejo para que Cristo viva en ellos y en sus hijas. En esta lucha sin cuartel para dar muerte al hombre viejo en cada una de sus hijas, tenemos diversos testimonios de cómo sus padres lo llevaron a término en Teresa, pues además de inteligente y cariñosa, despuntaban en ella la terquedad, el orgullo y el amor propio.

La llaman la «reinecita», y llega a convencerse de que lo es realmente, y hace valer su reinado. Pero cuando obra mal, sabe reconocerlo y experimenta el perdón de sus padres, ello le ayudará a comprender que Dios perdona.

Teresa agradecerá más tarde que sus padres, aunque la rodearan de cariño, intentaran educar su carácter. Pues, «con una forma de ser como la mía, si hubiera sido educada por unos padres sin virtud […], y tal vez hasta me habría perdido… Pero Jesús velaba por su pequeña prometida y quiso que todo redundase en su bien; incluso sus defectos, que, corregidos a tiempo, le sirvieron para crecer en la perfección…»[5]

El empeño de Luis y Celia para que su hogar sea una verdadera «Iglesia doméstica», se cumple en ellos, lo que dirá san Juan Pablo II, en Christifideles Laici: «Cuanto más crezca en los esposos y padres cristianos la conciencia de que su “Iglesia doméstica” es partícipe de la vida y de la misión de la Iglesia universal, tanto más podrán ser formados los hijos en el “sentido de la Iglesia” y sentirán toda la belleza de dedicar sus energías al servicio del Reino de Dios»[6].

      3 Primeros frutos del Bautismo en Teresa

Con la infusión del agua bautismal en el nombre de las tres divinas Personas, Teresa ha recibido las tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad. A través de las referencias que su madre hace de Teresa, en las cartas que escribe a miembros de su familia, podemos constatar que en los primeros cuatro años de su existencia se manifiestan presentes en Teresa las tres virtudes teologales, que la disponen a vivir en relación con la Santísima Trinidad.

La primera infusión del don de la fe, conferido en el rito bautismal, no ha dejado de crecer en el ambiente propicio que es el hogar de los Martin. Tiene dos años cuando la enseñan a rezar. A los dos años y dos meses, su madre dirá: «Ya sabe rezar. […] En la iglesia me dice en alta voz: “Yo ha he ido a Mita y le he dezado mucho a Dios”»[7]. A los cuatro años, dice su madre: «No sabe hablar más que de Dios, y por nada del mundo dejaría de rezar sus oraciones»[8]. El don de piedad estará presente desde los albores de su vida hasta su lecho de muerte. Se relacionará siempre con Dios –tanto en el gozo como en el dolor– con profundo respeto y veneración, al que denominará casi siempre buen Dios.

La virtud teologal de la esperanza crece en ella desde su más tierna infancia. El cielo es quizás la primera idea que sus padres han logrado despertar en Teresa. El cielo donde habita Dios es el mejor lugar que puede existir y lo desea para los que más quiere. La virtud de la caridad, la podemos ver expresada en el amor sincero a Dios y en el amor que tiene a sus padres y hermanas.

Durante el rito del Bautismo el sacerdote realizó diversos exorcismos, para liberarla del dominio de Satanás y para que ningún espíritu inmundo pudiera tener influjo en ella. Teresa nunca temerá al espíritu del mal.

Aunque por el Bautismo, a Teresa en virtud de la pasión y muerte de Cristo, le será perdonado el pecado original, no borrará la concupiscencia contra la cual con la gracia del Espíritu Santo deberá combatir con coraje. Teresa, fortalecida con el «óleo de los catecúmenos» y luego ungida con el óleo crismal, colaborará en esta lucha para vencer las inclinaciones del pecado y optará por el bien. De su primera infancia recordará: «Bastaba que me dijeran que algo no estaba bien para que se me quitasen las ganas de hacérmelo repetir dos veces…»[9]

El sacerdote le colocó en la cabeza una vez bautizada un capillo blanco, como símbolo de que ya era una nueva criatura, por haber resucitado con Cristo y haber sido revestida de Cristo. Vemos ya en su primera infancia, cómo este revestimiento de Cristo se expresa en su amor a la verdad. Dirá su madre: «No diría una mentira ni por todo el oro del mundo»[10].

El cirio encendido dado al padrino durante el rito del Bautismo significa que Cristo ha iluminado a la neófita Teresa. Esta luz la hace apta para una comprensión cada vez más profunda del misterio cristiano. Vemos que Teresa, en su primera infancia, no solo personaliza la fe, sino que también la profundiza por el don del entendimiento, que le hace penetrar los misterios de la fe. A los cuatro años y cuatro meses sabe dar explicaciones sobre el misterio de Dios a su hermana Celina. Esta le pregunta: «“¿Cómo puede estar Dios en una hostia tan pequeña?”, Teresa contestará: “Pues no es tan extraño, porque Dios es todopoderoso”. “¿Y qué quiere decir todopoderoso?”; “¡Pues que hace todo lo que quiere!”»[11] Con ello, vemos en Teresa operante la sal de la sabiduría que el sacerdote le dio en el inicio del rito bautismal.

Al ser bautizada «en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo», es marcada por el signaculum Trinitatis, queda por ello bajo la protección de la Trinidad, le queda consagrada, y entra en comunión con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo, y será introducida en el abismo del amor de la Trinidad santa y eterna. La gracia bautismal de la inhabitación trinitaria se irá desplegando y profundizando ante todo en los tres últimos años de su existencia.

Esta entrada en la vida trinitaria ya se manifiesta en los primeros años de vida, se da un diálogo real, aunque ella hasta más tarde no comprenderá su alcance. Dios Padre le da a su Hijo como Esposo y ella le dice «Sí», acogiendo la llamada a la vocación religiosa. No tiene más que dos años, cuando puede decir yo quiero, decide que será religiosa. Cuando oía hablar de que su hermana Paulina sería religiosa, Teresa decía: «Yo también seré religiosa. Es éste uno de mis primeros recuerdos, y desde entonces ya nunca cambié de intención…»[12] Más tarde reconocerá: «Como Nuestro Señor quería para sí solo mi primera mirada, se dignó pedirme el corazón desde la cuna»[13]. Entonces es cuando «recibí la gracia de la vocación religiosa»[14].

Para que esta respuesta al llamamiento de Dios Trinidad a la vida religiosa, llegue a buen término, debe optar por el todo, vivido con radicalidad. Cuando le ofrecen unos juguetes, Teresa dijo: «¡Yo lo escojo todo!, y cogí la cesta sin más ceremonias»[15]. Más tarde tendrá esta misma reacción cuando decida dárselo todo a Jesús, no queriendo ser santa a medias. «Este insignificante episodio de mi infancia es el resumen de toda mi vida»[16].

Dios Trinidad se ha dado graciosamente en el Bautismo; ante el exceso de amor recibido, Teresa corresponderá a la acción del Espíritu. En su lecho de muerte confesará: «Desde la edad de tres años no he negado a Dios cosa alguna»[17].

Lo que más tarde dirá Teresa de dos niñas que cuidará, se puede constatar en ella: «Tiene que dejar el santo Bautismo en las almas un germen muy profundo de las virtudes teologales para que aparezcan ya desde la infancia»[18]. No podemos dejar de constatar, con asombro, la intensa vida teologal que el Espíritu Santo ha obrado en Teresa en los primeros cuatro años de su vida.


Pautas de reflexión:  

  1. Ante los desvelos de Luis y Celia en la educación cristiana de sus hijas.

¿Recuerdas los desvelos que tus padres u otras personas del ámbito familiar han tenido para educarte en la fe, y/o en los valores cristianos?

  1. Los padres de Teresa encarnan lo que el Vaticano II ha dicho sobre la Iglesia doméstica: «los padres han de ser para con sus hijos los primeros predicadores de la fe, tanto con su palabra como con su ejemplo, y han de fomentar la vocación propia de cada uno».

Recuerda la fe y/o los valores cristianos de tus padres o familiares que te educaron en ellos.

  1. Teresa agradece que sus padres la rodearan de cariño, pero que corrigieron a tiempo sus defectos  (terquedad, orgullo, amor propio… ), puesto que estos hubieran impedido el despliegue de la gracia bautismal.

Recuerda cuales fueron los defectos que tus padres y familiares te fueron corrigiendo en tu infancia, para que pudieras madurar como persona y como cristiano/a.

  1. Lee con atención “Los primeros frutos del Bautismo” y déjate asombrar por ellos.

Reconoce en tu persona y si es posible en el ámbito de tu infancia, los frutos del Bautismo, entre ellos las tres virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y de la liturgia bautismal (cirio (luz), capillo blanco (pureza), la unción con el crisma (fortaleza)…


Notas

[1]  CF 192. A Paulina, 4.3.1877.

[2] Cta 261, 2v. Al abate Bellière, 26.7.1897.

[3] Lumen gentium, 11.

[4] Ms A 11v.

[5] Ms A 8 v.

[6] Joannes Paulus II, Christifideles Laici, 62.

[7] CF 130. A su cuñada, 14.3.1875.

[8] CF 192. A Paulina, 4.3.1877. Citada en Ms A 11r.

[9] Ms A 8v.

[10] CF 195. A Paulina, 22.3.1877. Citada en Ms A 11r.

[11] CF 201. A Paulina, 10.5.1877. Citada en Ms A 10r.

[12] Ms A 6r.

[13] Cta 201, 2r. Al P. Roulland, 1.11.1896.

[14] Cta 201, 2r. Al P. Roulland, 1.11.1896.

[15] Ms A 10r.

[16] Ms A 10r.

[17] PO Sor Genoveva, 268, [340v], 221, q. 15.

[18] Ms A 52v.

 

Presentación

 

Siempre con el testimonio de santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, este curso tiene como objetivo ayudar a ser tierra buena para que la gracia del Bautismo, pueda desplegar todas sus  virtualidades y de un modo homogéneo y regular, nos conduzca a la unión íntima con Dios Trinidad. 

Santa Teresa del Niño Jesús desde la Ofrenda a la Trinidad (9.6.1895) hasta el fin de sus días (30.9.1897) no dejaba de suplicar “Trinidad Santa yo deseo amaros y haceros amar”. El primer fruto conocido de su oración es santa Isabel de la Trinidad, quien no deja de orar con santa Teresa del Niño Jesús para que vivamos vida trinitaria, de donde surgen los mejores cristianos, pues participan de un modo profundo en la obra redentora de Cristo y edificadora de la Iglesia propia del Espíritu Santo.

Este curso se basa en la tesis doctoral “La Santísima Trinidad en la vida y en los escritos de santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz”, de María del Pilar Vila  OCDS, dirigida por el P. François Marie Léthel OCD. Defendida en la Pontificia Universidad del Teresianum de Roma, el 26 de abril de 2017.

1. Teresa en el pensamiento de Dios

 

La gracia bautismal que se desarrollará en el alma de Teresa y luego enriquecerá a la Iglesia tiene un origen lejanísimo, empieza en la eternidad de Dios. Pero se hace presente en un tiempo histórico, cuando el pueblo creyente de Francia suplicaría ardientemente la ayuda de Dios y en un hogar de Alençon, Luis Martin y Celia Guérin ansiaban tener un hijo para que fuera sacerdote y pudiera expandir la fe en tierras de misión.

  1. La pretemporalidad

      En el pensamiento[1] de Dios Trinidad estará Teresa. Desde un amor inmenso Dios Padre la ha elegido en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuese santa e irreprochable ante El por el amor. El Padre por pura iniciativa suya la ha destinado para que sea una esposa para su Hijo, y en El sea su hija en el Hijo [2]. Por su parte el Hijo al Padre  lo agradece y le responde «a la esposa que me dieres yo mi claridad daría para que por ella vea cuánto mi Padre valía […]. Reclinarla he yo en mi brazo y en tu amor se abrasaría y con eterno deleite tu bondad sublimaría» (Romance III).

Para que ello sea un día realidad, y todo redunde para gloria del Padre, a quien el Hijo tanto ama, aceptará encarnarse y sufrir muerte en cruz. De modo que por medio del Bautismo a Teresa le sea borrado el pecado original, y luego Dios Trinidad ponga en ella su morada, la enriquezca con un derroche de gracia, la llene de sabiduría e inteligencia, para que consciente y libremente se adhiriera a Jesús por amor, hasta dejarse cristificar en El. Así sea Jesús en ella quien viva y a través de ella Jesús ame al Padre en el Espíritu.

1.2 El engendramiento

Para que este designio de Dios Trinidad se realice en la persona de Teresa, necesitará el consentimiento de los esposos Luis y Celina. Estos generosamente acogen los hijos que Dios les da. Dirá Celia Guérin: «Me gustan los niños con locura, he nacido para tenerlos» (CF 83).

Cuatro hijas (María, Paulina, Leonia y Celina) forman el hogar de los Martin, y cuatro que ya están en el cielo (María Elena, José María Luis, José Juan, María Melania Teresa). A pesar del dolor que ha producido en ellos la muerte de sus cuatro hijos, Luis y Celina mostrarán una verdadera sumisión a la voluntad de Dios.

Cuando Celia tiene 40 años, «!la edad de ser abuela…¡»(CF 83), por la unión conyugal y el beneplácito de Dios, quedará engendrada en su seno una niña. De este período, su madre recuerda: «Cuando la llevaba en el seno, noté algo que nunca me había ocurrido con los otros hijos que tuve: cuando yo cantaba, ella cantaba conmigo…» (CF 85).

1.3 Nacimiento 

Cuando llegue el tiempo del parto, Celia Guérin dará a luz a una niña, a la que le pondrán el nombre de María Francisca Teresa. Era el 2 de enero de 1873, en Alençon (Normandía).

Tanto Luis como Celia procurarán que sus hijos e hijas reciban el Bautismo en la Iglesia Católica lo antes posible. En el caso de María Francisca Teresa, el Bautismo tendrá lugar dos días después de su nacimiento, en espera a que llegue el padrino. Este retraso será fuente de gran sufrimiento para su madre, que no dejará de suplicar al Señor «que no permitiera que su hijita muriera sin Bautismo».   El nacimiento de esta nueva hija llenará de alegría el hogar de los Martin. Celia escribirá a su cuñada: «Mi hijita nació ayer, jueves a las once y media de la noche. Es muy fuerte y sana […] Parece muy linda. Estoy contentísima. […] La bautizaremos mañana, sábado.  […]  María [su hija mayor de 13 años] será la madrina, y un niño [Pablo Alberto Boul, hijo del amigo de su padre] más o menos de su edad el padrino» (CF 84).

Pautas de reflexión:         

  1. En el pensamiento de Dios Trinidad estará Teresa. Desde un amor inmenso Dios Padre la ha elegido en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuese santa e irreprochable ante El por el amor.
  • ¿Tu estabas en el pensamiento de Dios antes de crear el mundo, has pensado en alguna ocasión que has sido elegida/o de Dios para que seas santa e irreprochable ante El por el amor?
  1. El Padre por pura iniciativa suya ha destinado a Teresa para que sea una esposa para su Hijo, y en El sea su hija en el Hijo. Por su parte el Hijo quiere en Teresa amar al Padre, por el conocimiento y el amor.
  • ¿Has pensado que el objetivo de tu vida, sea que el Padre en ti ame a su Hijo y el Hijo en ti ame a su Padre?
  1. Dirá la madre de Teresita: «Me gustan los niños con locura, he nacido para tenerlos» ; «Cuando la llevaba en el seno, noté algo que nunca me había ocurrido con los otros hijos que tuve: cuando yo cantaba, ella cantaba conmigo…» (CF 85).
  • Tienes conocimiento del amor con qué tus padres te engendraron, y el amor con qué tu madre te llevó en su seno. Les has estado agradecida, los has amado, con afecto y con obras, has orado por ellos.

Notas

[1] Lo que personalizamos en Teresa, está destinado a todos, ya que como dice S. Juan de la cruz «la mano de Dios no es abreviada, con abundancia se difunde sin acepción de personas doquiera que halla lugar» (Llama de amor viva B, I, 15).

[2]  Este pensamiento estará en la mente de Teresa, y lo expresará en el escrito que dirigió a su hermana Celina en el día de su profesión religiosa, Jesús “se ha escogido desde toda la eternidad a un alma que le fascina y le cautiva entre millones y millones de otras almas que El ha creado también a su imagen” Carta 182, a sor Genoveva, 23.2.1896.