3. La Iglesia doméstica de los Martin (I)

 

María Francisca Teresa por el Bautismo entra a formar parte de la Iglesia universal, a través de la Iglesia particular de la diócesis de Séez, en la parroquia de Nuestra Señora de Alençon. El primer ámbito de su educación en la fe cristiana será su hogar, formado por sus padres, Luis y Celia, y sus cuatro hermanas. Gracias a los desvelos de sus padres, su hogar será una verdadera Iglesia doméstica.

  1. El testimonio cristiano de los padres

Luis y Celia, al desear que todos sus hijos e hijas reciban el Bautismo en la Iglesia Católica, saben que se han comprometido a educarlos en la fe, en la guarda de los mandamientos de Dios, a amar al Señor y al prójimo, con el amor de Cristo. Ellos son cristianos fervientes, procurarán que en su hogar se viva con profundidad la fe cristiana. Dirá Celia: «No vivimos más que para ellos, constituyen toda nuestra felicidad y solo en ellos la encontrábamos»[1].

En este hogar el descanso dominical es sagrado. La oración diaria se hace en familia y las celebraciones litúrgicas van ritmando el curso del año. Las fiestas se celebran con fervor. Ambos esposos tienen una profunda devoción a la Virgen María y la inculcarán a sus hijas. Aspirarán a que sus hijas se consagren a Dios, sin influir en su decisión.

Su piedad no es inflexible ni farisaica, pues saben testimoniar su fe con las obras, ayudando de diversos modos a los pobres. Luis Martin inculcará a sus hijas una verdadera veneración por el sacerdote y la ayuda a las misiones. Ambos esposos ayudarán económicamente a la Obra de la Propagación de la fe.        

Casi al final de su vida, Teresa hará esta descripción: «Dios me dio un padre y una madre más dignos del cielo que [de] la tierra. Pidieron al Señor que les diese muchos hijos y que los tomara para sí. Su deseo fue escuchado: cuatro angelitos volaron al cielo, y las cinco hijas que quedaron en la arena tomaron por esposo a Jesús»[2].

En los esposos Luis y Celia se cumplirá la misión que los padres tienen en la Iglesia doméstica, explicitada por el Vaticano II: «En esta como Iglesia doméstica, los padres han de ser para con sus hijos los primeros predicadores de la fe, tanto con su palabra como con su ejemplo, y han de fomentar la vocación propia de cada uno»[3].

  1.  La educación de la fe en el seno de la familia Martin en Alençon

Además de su testimonio de fe, Luis y Celia ayudarán a sus hijas a personalizar la fe recibida en el Bautismo, les enseñarán a orar, a invocar y a adorar a Dios, a que acojan su santa voluntad con sumisión, con la esperanza de los bienes eternos y a participar en la celebración litúrgica de la parroquia.  Todo el ambiente familiar que rodea a Teresa le transmite la evidencia de la existencia de un Dios, a quien se honra y se reza.  Promoverán los talentos de sus hijas para acrecentar la vida gozosa de la fe. Se les enseñará a realizar actos concretos de caridad: «Teresita era siempre la encargada de llevarles la limosna»[4].

En el Bautismo de cada una de sus hijas, ambos esposos se han comprometido a luchar contra el hombre viejo para que Cristo viva en ellos y en sus hijas. En esta lucha sin cuartel para dar muerte al hombre viejo en cada una de sus hijas, tenemos diversos testimonios de cómo sus padres lo llevaron a término en Teresa, pues además de inteligente y cariñosa, despuntaban en ella la terquedad, el orgullo y el amor propio.

La llaman la «reinecita», y llega a convencerse de que lo es realmente, y hace valer su reinado. Pero cuando obra mal, sabe reconocerlo y experimenta el perdón de sus padres, ello le ayudará a comprender que Dios perdona.

Teresa agradecerá más tarde que sus padres, aunque la rodearan de cariño, intentaran educar su carácter. Pues, «con una forma de ser como la mía, si hubiera sido educada por unos padres sin virtud […], y tal vez hasta me habría perdido… Pero Jesús velaba por su pequeña prometida y quiso que todo redundase en su bien; incluso sus defectos, que, corregidos a tiempo, le sirvieron para crecer en la perfección…»[5]

El empeño de Luis y Celia para que su hogar sea una verdadera «Iglesia doméstica», se cumple en ellos, lo que dirá san Juan Pablo II, en Christifideles Laici: «Cuanto más crezca en los esposos y padres cristianos la conciencia de que su “Iglesia doméstica” es partícipe de la vida y de la misión de la Iglesia universal, tanto más podrán ser formados los hijos en el “sentido de la Iglesia” y sentirán toda la belleza de dedicar sus energías al servicio del Reino de Dios»[6].

      3 Primeros frutos del Bautismo en Teresa

Con la infusión del agua bautismal en el nombre de las tres divinas Personas, Teresa ha recibido las tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad. A través de las referencias que su madre hace de Teresa, en las cartas que escribe a miembros de su familia, podemos constatar que en los primeros cuatro años de su existencia se manifiestan presentes en Teresa las tres virtudes teologales, que la disponen a vivir en relación con la Santísima Trinidad.

La primera infusión del don de la fe, conferido en el rito bautismal, no ha dejado de crecer en el ambiente propicio que es el hogar de los Martin. Tiene dos años cuando la enseñan a rezar. A los dos años y dos meses, su madre dirá: «Ya sabe rezar. […] En la iglesia me dice en alta voz: “Yo ha he ido a Mita y le he dezado mucho a Dios”»[7]. A los cuatro años, dice su madre: «No sabe hablar más que de Dios, y por nada del mundo dejaría de rezar sus oraciones»[8]. El don de piedad estará presente desde los albores de su vida hasta su lecho de muerte. Se relacionará siempre con Dios –tanto en el gozo como en el dolor– con profundo respeto y veneración, al que denominará casi siempre buen Dios.

La virtud teologal de la esperanza crece en ella desde su más tierna infancia. El cielo es quizás la primera idea que sus padres han logrado despertar en Teresa. El cielo donde habita Dios es el mejor lugar que puede existir y lo desea para los que más quiere. La virtud de la caridad, la podemos ver expresada en el amor sincero a Dios y en el amor que tiene a sus padres y hermanas.

Durante el rito del Bautismo el sacerdote realizó diversos exorcismos, para liberarla del dominio de Satanás y para que ningún espíritu inmundo pudiera tener influjo en ella. Teresa nunca temerá al espíritu del mal.

Aunque por el Bautismo, a Teresa en virtud de la pasión y muerte de Cristo, le será perdonado el pecado original, no borrará la concupiscencia contra la cual con la gracia del Espíritu Santo deberá combatir con coraje. Teresa, fortalecida con el «óleo de los catecúmenos» y luego ungida con el óleo crismal, colaborará en esta lucha para vencer las inclinaciones del pecado y optará por el bien. De su primera infancia recordará: «Bastaba que me dijeran que algo no estaba bien para que se me quitasen las ganas de hacérmelo repetir dos veces…»[9]

El sacerdote le colocó en la cabeza una vez bautizada un capillo blanco, como símbolo de que ya era una nueva criatura, por haber resucitado con Cristo y haber sido revestida de Cristo. Vemos ya en su primera infancia, cómo este revestimiento de Cristo se expresa en su amor a la verdad. Dirá su madre: «No diría una mentira ni por todo el oro del mundo»[10].

El cirio encendido dado al padrino durante el rito del Bautismo significa que Cristo ha iluminado a la neófita Teresa. Esta luz la hace apta para una comprensión cada vez más profunda del misterio cristiano. Vemos que Teresa, en su primera infancia, no solo personaliza la fe, sino que también la profundiza por el don del entendimiento, que le hace penetrar los misterios de la fe. A los cuatro años y cuatro meses sabe dar explicaciones sobre el misterio de Dios a su hermana Celina. Esta le pregunta: «“¿Cómo puede estar Dios en una hostia tan pequeña?”, Teresa contestará: “Pues no es tan extraño, porque Dios es todopoderoso”. “¿Y qué quiere decir todopoderoso?”; “¡Pues que hace todo lo que quiere!”»[11] Con ello, vemos en Teresa operante la sal de la sabiduría que el sacerdote le dio en el inicio del rito bautismal.

Al ser bautizada «en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo», es marcada por el signaculum Trinitatis, queda por ello bajo la protección de la Trinidad, le queda consagrada, y entra en comunión con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo, y será introducida en el abismo del amor de la Trinidad santa y eterna. La gracia bautismal de la inhabitación trinitaria se irá desplegando y profundizando ante todo en los tres últimos años de su existencia.

Esta entrada en la vida trinitaria ya se manifiesta en los primeros años de vida, se da un diálogo real, aunque ella hasta más tarde no comprenderá su alcance. Dios Padre le da a su Hijo como Esposo y ella le dice «Sí», acogiendo la llamada a la vocación religiosa. No tiene más que dos años, cuando puede decir yo quiero, decide que será religiosa. Cuando oía hablar de que su hermana Paulina sería religiosa, Teresa decía: «Yo también seré religiosa. Es éste uno de mis primeros recuerdos, y desde entonces ya nunca cambié de intención…»[12] Más tarde reconocerá: «Como Nuestro Señor quería para sí solo mi primera mirada, se dignó pedirme el corazón desde la cuna»[13]. Entonces es cuando «recibí la gracia de la vocación religiosa»[14].

Para que esta respuesta al llamamiento de Dios Trinidad a la vida religiosa, llegue a buen término, debe optar por el todo, vivido con radicalidad. Cuando le ofrecen unos juguetes, Teresa dijo: «¡Yo lo escojo todo!, y cogí la cesta sin más ceremonias»[15]. Más tarde tendrá esta misma reacción cuando decida dárselo todo a Jesús, no queriendo ser santa a medias. «Este insignificante episodio de mi infancia es el resumen de toda mi vida»[16].

Dios Trinidad se ha dado graciosamente en el Bautismo; ante el exceso de amor recibido, Teresa corresponderá a la acción del Espíritu. En su lecho de muerte confesará: «Desde la edad de tres años no he negado a Dios cosa alguna»[17].

Lo que más tarde dirá Teresa de dos niñas que cuidará, se puede constatar en ella: «Tiene que dejar el santo Bautismo en las almas un germen muy profundo de las virtudes teologales para que aparezcan ya desde la infancia»[18]. No podemos dejar de constatar, con asombro, la intensa vida teologal que el Espíritu Santo ha obrado en Teresa en los primeros cuatro años de su vida.


Pautas de reflexión:  

  1. Ante los desvelos de Luis y Celia en la educación cristiana de sus hijas.

¿Recuerdas los desvelos que tus padres u otras personas del ámbito familiar han tenido para educarte en la fe, y/o en los valores cristianos?

  1. Los padres de Teresa encarnan lo que el Vaticano II ha dicho sobre la Iglesia doméstica: «los padres han de ser para con sus hijos los primeros predicadores de la fe, tanto con su palabra como con su ejemplo, y han de fomentar la vocación propia de cada uno».

Recuerda la fe y/o los valores cristianos de tus padres o familiares que te educaron en ellos.

  1. Teresa agradece que sus padres la rodearan de cariño, pero que corrigieron a tiempo sus defectos  (terquedad, orgullo, amor propio… ), puesto que estos hubieran impedido el despliegue de la gracia bautismal.

Recuerda cuales fueron los defectos que tus padres y familiares te fueron corrigiendo en tu infancia, para que pudieras madurar como persona y como cristiano/a.

  1. Lee con atención “Los primeros frutos del Bautismo” y déjate asombrar por ellos.

Reconoce en tu persona y si es posible en el ámbito de tu infancia, los frutos del Bautismo, entre ellos las tres virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y de la liturgia bautismal (cirio (luz), capillo blanco (pureza), la unción con el crisma (fortaleza)…


Notas

[1]  CF 192. A Paulina, 4.3.1877.

[2] Cta 261, 2v. Al abate Bellière, 26.7.1897.

[3] Lumen gentium, 11.

[4] Ms A 11v.

[5] Ms A 8 v.

[6] Joannes Paulus II, Christifideles Laici, 62.

[7] CF 130. A su cuñada, 14.3.1875.

[8] CF 192. A Paulina, 4.3.1877. Citada en Ms A 11r.

[9] Ms A 8v.

[10] CF 195. A Paulina, 22.3.1877. Citada en Ms A 11r.

[11] CF 201. A Paulina, 10.5.1877. Citada en Ms A 10r.

[12] Ms A 6r.

[13] Cta 201, 2r. Al P. Roulland, 1.11.1896.

[14] Cta 201, 2r. Al P. Roulland, 1.11.1896.

[15] Ms A 10r.

[16] Ms A 10r.

[17] PO Sor Genoveva, 268, [340v], 221, q. 15.

[18] Ms A 52v.

 

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