2. Los dones que Teresa y cada uno de nosotros recibimos en el Bautismo

El sábado, día 4 de enero de 1873, en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Alençon, de la diócesis de Séez, Teresa Martin, recibirá las aguas bautismales en la fe de la Iglesia. El celebrante será el abate Lucien Dumaine, vicario de la parroquia. En el seno de la Iglesia recibirá los otros sacramentos y será alimentada por la Palabra de Dios.

  1. Dones que aporta Dios Trinidad en el Bautismo[1]

De Dios Padre, dador de todo don, gracias a la muerte redentora de Cristo, en el Espíritu Santo, por medio de la Iglesia, le será concedido a María Francisca Teresa el Bautismo. Este le borrará el pecado original.

Al ser bautizada en el nombre del Padre, El dice «ésta es mi hija»[2]. Al ser bautizada en el nombre del Hijo, Este dice «esta es mi hermana, mi amiga, mi esposa»[3]. Al ser bautizada en el Espíritu Santo, Este dice «ella es un templo donde moraré»[4]. Desde el Bautismo queda bajo la protección de la Trinidad, le queda consagrada, convertida en templo de la Trinidad. Las tres divinas Personas moran en lo más profundo del alma de María Francisca Teresa.

El Bautismo capacitará a Teresa para vivir en Dios Padre, para vivir en Cristo Jesús, para vivir en el Espíritu. Por el Bautismo Teresa tendrá por Padre a Dios, ya que es adoptada como hija en el Hijo, en virtud de la redención obrada por Cristo, y como arras le será dado el Espíritu Santo, para que la santifique y la una a Jesús su Esposo.

El gran don que el Padre da a María Francisca Teresa en el Bautismo es su Hijo, como su Salvador y Esposo. En esta primera gracia, Cristo se da a ella del todo y de una vez. Queda revestida de Cristo. Le es conferida la filiación divina por adopción, es hija en el Hijo, le es otorgada la participación en su misma vida divina, y en su santidad.

Al darle el Padre a su Hijo, le dará a Teresa todo lo demás, porque en El se encierra la realidad entera de la creación y de la gracia. Aunque los desposorios entre Dios y la humanidad se hacen realidad en la Encarnación, se pudiera decir que la personalización de este desposorio se realiza en el Bautismo. Jesús estará en el fondo de su alma como Esposo, El amará a Teresa –por medio del Espíritu Santo– con amor de Esposo. Jesús nunca dejará de amarla como Esposo, pero se acomodará a la maduración humana, psicológica y espiritual de Teresa. El proceso de esponsalización se hace muy poco a poco, a través de la lenta y progresiva asimilación de la gracia «porque lo va Dios haciendo al paso del alma»[5]. Es decir, como recordará Alejo Navarro: «Dios no se da por partes tacañamente; se da del todo en plenitud desde el principio; lo que parecen gracias nuevas o añadidas es la asimilación paulatina, suave y discreta, de la gracia total otorgada. Dios hace que el hombre tome de esa gracia poco a poco, según se va asentando y consolidando la persona desde sus más hondos sustratos»[6].

Desde el Bautismo, Cristo es Esposo del alma y actúa como tal. El alma es esposa también desde el Bautismo, aunque no actúa enteramente como tal. Como nos recordará este mismo autor: «Todo el camino espiritual será en definitiva un proceso de impregnación de la gracia esponsal a todo el ser y obrar del hombre»[7].

Es el Padre quien atrae a Teresa hacia su Hijo Jesús. Es el Espíritu el que le hará reconocerlo como Esposo y hará surgir en el corazón de Teresa un amor ardiente y enamorado hacia Jesús. Teresa corresponderá a este amor esponsal con amor esponsal gracias al mismo Espíritu.

En el Bautismo, con magnificencia divina el Padre le dará a María Francisca Teresa la gracia santificante, la gracia de la justificación que la hace capaz de creer en El, de esperar en El, de amarlo mediante las virtudes teologales, le concede los dones para vivir según Cristo, para obrar bajo la moción del Espíritu.

Además le concederá gracias singulares y únicas, que serán el modo como María Francisca Teresa le deberá glorificar. Entre ellas la capacidad de narrar lo que Dios le conceda vivir. Estos dones que le serán otorgados en el Bautismo ya estaban en la mente de Dios Trinidad desde toda la eternidad, antes incluso de crearla. Le serán concedidos por puro beneplácito de Dios, no por mérito alguno suyo. Ya que Dios, como Teresa misma recordará más tarde, «no llama a los que son dignos, sino a los que El quiere, […] “Tendré misericordia de quien quiera y me apiadaré de quien me plazca. No es, pues, cosa del que quiere o del que se afana, sino de Dios que es misericordioso”»[8].

María Francisca Teresa al ser ungida en su Bautismo con el santo crisma en la frente con la señal de la cruz, significa su incorporación a Cristo (sacerdote, profeta y rey) cabeza del Cuerpo. Por ello simboliza su introducción en la Iglesia pueblo sacerdotal, real y profético y la comunión con la misión mesiánica de Cristo, sacerdote, rey y profeta. Así mismo el sagrado crisma significa que el don del Espíritu Santo desciende a ella para fijar su estancia y convertirla en su templo vivo.

Ya que desde el principio Dios Trinidad obra a lo grande, a lo divino, se da del todo al alma. Le concede la filiación divina, la unión con Cristo, el don del Espíritu, la participación de la naturaleza divina, el desposorio, la inhabitación trinitaria, la incorporación a la Iglesia… Todo ello le es dado a María Francisca Teresa gratuitamente en el Bautismo, y a cada uno de los bautizados. Ello es de una magnificencia, que sobrepasa todos los cálculos humanos.

Estos dones que le son dados graciosamente por la Trinidad Santa se expandirán en su alma a través del Espíritu Santo.  Ello se dará en la medida que María Francisca Teresa, personalice esta fe, con una decisión personal, consciente, libre, y colabore en el desarrollo de la plenitud de su vida espiritual. A través de su fidelidad a la acción del Espíritu Santo llegará a la madurez cristiana, cuando la gracia bautismal llegue a su pleno desarrollo en profundidad y en intensidad.

Dios irá al paso del alma, en la maduración humana, afectiva y espiritual de María Francisca Teresa, hasta que llegue el momento en el que ella irá al paso de Dios. Ello nos lo recuerda san Juan de la Cruz en el único pasaje en que nos habla del Bautismo: «Este desposorio que se hizo en la Cruz […] se hizo de una vez, dando Dios al alma la primera gracia, lo cual se hace en el bautismo con cada alma. Mas […] uno se hace al paso del alma, y así va poco a poco; y el otro, al paso de Dios y así hácese de una vez»[9].

La labor más importante de Teresa será no oponer resistencia a que la gracia bautismal se vaya desarrollando de forma expansiva en su interior, pero esta acabará manifestándose en el exterior. Bajo el impulso del Espíritu crecerá en edad, sabiduría y gracia, hasta llegar a la estatura de Cristo.

El despliegue total del dinamismo inherente a la gracia bautismal, se podrá realizar solo por medio de la acción de las tres divinas Personas, en el interior más profundo de María Francisca Teresa. Ella misma dirá: «Sé muy bien que Dios no tiene necesidad de nadie para realizar su obra»[10], pero Dios Trinidad ha querido hacer participar en su consecución a sus criaturas. Al dar el Bautismo a Teresa por medio de la Iglesia, quiere que sus miembros, tanto los que ya viven en la Jerusalén celestial, o los que peregrinan en la Iglesia militante, participen ayudándola, para que ella viva la vida intratrinitaria en toda su expansión posible en esta tierra. Para que luego Teresa ayude a los demás bautizados a que se dé en ellos la plena expansión de la gracia bautismal.

El Espíritu Santo, en todo su peregrinar terreno, nunca perderá cuidado de Teresa, las mediaciones de la Iglesia serán solo instrumentos para enderezarla en la perfección por la fe y en los mandatos de Dios. El Espíritu Santo será el que tendrá el cuidado de transformar a Teresa en Cristo. Lo hará por muchos medios, pero el principal será la vida litúrgica de la Iglesia. Los sacramentos que en ella recibirá significarán una inmersión permanente y creciente en el misterio de Cristo, ya que el Espíritu actúa en ellos y se comunica en ellos, para transfigurarnos en Cristo, ante todo en la Eucaristía.

Será el Espíritu Santo quien llevará a término el proceso de esponsalización y de cristificación de Teresa, de modo que sea Jesús en Teresa el que viva, así el Padre pueda contemplar en ella el rostro de su Hijo, y esta le ame con su amor. Para que pueda dar a conocer a todos las riquezas inherentes que todo bautizado está llamado a vivir, la Trinidad Santísima llenará a Teresa de sabiduría e inteligencia.


Pistas de reflexión:   

(Para reflexionar sobre estas cuestiones, lee primero detenidamente los dones que recibió de la Trinidad, Teresa al recibir las aguas bautismales).

  1. Cuando fuiste bautizada en el nombre del Padre, El dijo de ti “Esta es mi hija”.

-¿Lo has experimentado como Padre en tu vida, tienes para con El una relación de hija?

2. Al ser bautizada en el nombre del Hijo, El dijo de ti: «esta es mi hermana, mi amiga, mi esposa».

-¿Has experimentado en tu vida a Jesús como Hermano mayor, como Amigo, como Esposo? -¿Tienes para con Jesús una relación de hermano/a, amigo/a y esposa (por el Bautismo)?

3. Al ser bautizada en el Espíritu Santo, El dijo de tí «ella es un templo donde moraré»

-¿Has experimentado en tu interior la presencia del Espíritu Santo? (como luz, fortaleza….)

-¿Eres consciente de su presencia, lo invocas, confías en El, le eres agradecido/a?

4. Desde el Bautismo has quedado bajo la protección de la Trinidad, le has quedado consagrado/a, convertida en templo de la Trinidad. Las tres divinas Personas moran en lo más profundo de tu alma, como en el alma de Teresita.

-¿Eres consciente de ello, invocas a la Santísima Trinidad, la amas, la adoras, confías en Ella?

5. ¿Sabes el día que recibiste el Bautismo, qué sacerdote te lo administró, en qué parroquia?, ¿celebras con gozo y gratitud cada año el día de tu Bautismo, has rezado por el sacerdote que te lo administró, agradeces a tus padres el que velaran para que te fuera concedido el Bautismo?


Notas

[1] Hay que tener en cuenta que el Bautismo es el mismo para todos en su arranque, a excepción de la gracia particular, a través de la cual cada bautizado deberá glorificar a Dios, de un modo singular e irrepetible.

[2] Cf. Mt 3, 17. No es que antes del Bautismo el hombre sea un extraño para Dios, ya que obra suya somos, hechos a su imagen, criaturas suyas, no obstante, el nivel pleno de filiación se accede por la incorporación bautismal a Cristo. No se entra en el tema teológico de los distintos modos de Bautismo (Cf. A. Navarro, Al paso de Dios, al paso del Hombre, 43).

[3] Cf. Ez 16, 8 ; Ct 4, 9 ; Jn 15, 14 ; Ap 21, 9.

[4] Cf. 2Co 1, 22

[5] S. Juan de la Cruz, Cántico espiritual (B), XXIII, 6.

[6] A. Navarro, Al paso de Dios, al paso del Hombre, Ed. Monte Carmelo, Burgos 2000, 334.

[7] A. Navarro, Al paso de Dios, al paso del Hombre, 55.

[8] Rm 9, 15-16. Citado por Teresa en Ms A 2r.

[9] S. Juan de la Cruz, Cántico espiritual (B), XXIII, 6.

[10] Ms A 53r.

 

 

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