1. Teresa en el pensamiento de Dios

 

La gracia bautismal que se desarrollará en el alma de Teresa y luego enriquecerá a la Iglesia tiene un origen lejanísimo, empieza en la eternidad de Dios. Pero se hace presente en un tiempo histórico, cuando el pueblo creyente de Francia suplicaría ardientemente la ayuda de Dios y en un hogar de Alençon, Luis Martin y Celia Guérin ansiaban tener un hijo para que fuera sacerdote y pudiera expandir la fe en tierras de misión.

  1. La pretemporalidad

      En el pensamiento[1] de Dios Trinidad estará Teresa. Desde un amor inmenso Dios Padre la ha elegido en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuese santa e irreprochable ante El por el amor. El Padre por pura iniciativa suya la ha destinado para que sea una esposa para su Hijo, y en El sea su hija en el Hijo [2]. Por su parte el Hijo al Padre  lo agradece y le responde «a la esposa que me dieres yo mi claridad daría para que por ella vea cuánto mi Padre valía […]. Reclinarla he yo en mi brazo y en tu amor se abrasaría y con eterno deleite tu bondad sublimaría» (Romance III).

Para que ello sea un día realidad, y todo redunde para gloria del Padre, a quien el Hijo tanto ama, aceptará encarnarse y sufrir muerte en cruz. De modo que por medio del Bautismo a Teresa le sea borrado el pecado original, y luego Dios Trinidad ponga en ella su morada, la enriquezca con un derroche de gracia, la llene de sabiduría e inteligencia, para que consciente y libremente se adhiriera a Jesús por amor, hasta dejarse cristificar en El. Así sea Jesús en ella quien viva y a través de ella Jesús ame al Padre en el Espíritu.

1.2 El engendramiento

Para que este designio de Dios Trinidad se realice en la persona de Teresa, necesitará el consentimiento de los esposos Luis y Celina. Estos generosamente acogen los hijos que Dios les da. Dirá Celia Guérin: «Me gustan los niños con locura, he nacido para tenerlos» (CF 83).

Cuatro hijas (María, Paulina, Leonia y Celina) forman el hogar de los Martin, y cuatro que ya están en el cielo (María Elena, José María Luis, José Juan, María Melania Teresa). A pesar del dolor que ha producido en ellos la muerte de sus cuatro hijos, Luis y Celina mostrarán una verdadera sumisión a la voluntad de Dios.

Cuando Celia tiene 40 años, «!la edad de ser abuela…¡»(CF 83), por la unión conyugal y el beneplácito de Dios, quedará engendrada en su seno una niña. De este período, su madre recuerda: «Cuando la llevaba en el seno, noté algo que nunca me había ocurrido con los otros hijos que tuve: cuando yo cantaba, ella cantaba conmigo…» (CF 85).

1.3 Nacimiento 

Cuando llegue el tiempo del parto, Celia Guérin dará a luz a una niña, a la que le pondrán el nombre de María Francisca Teresa. Era el 2 de enero de 1873, en Alençon (Normandía).

Tanto Luis como Celia procurarán que sus hijos e hijas reciban el Bautismo en la Iglesia Católica lo antes posible. En el caso de María Francisca Teresa, el Bautismo tendrá lugar dos días después de su nacimiento, en espera a que llegue el padrino. Este retraso será fuente de gran sufrimiento para su madre, que no dejará de suplicar al Señor «que no permitiera que su hijita muriera sin Bautismo».   El nacimiento de esta nueva hija llenará de alegría el hogar de los Martin. Celia escribirá a su cuñada: «Mi hijita nació ayer, jueves a las once y media de la noche. Es muy fuerte y sana […] Parece muy linda. Estoy contentísima. […] La bautizaremos mañana, sábado.  […]  María [su hija mayor de 13 años] será la madrina, y un niño [Pablo Alberto Boul, hijo del amigo de su padre] más o menos de su edad el padrino» (CF 84).

Pautas de reflexión:         

  1. En el pensamiento de Dios Trinidad estará Teresa. Desde un amor inmenso Dios Padre la ha elegido en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuese santa e irreprochable ante El por el amor.
  • ¿Tu estabas en el pensamiento de Dios antes de crear el mundo, has pensado en alguna ocasión que has sido elegida/o de Dios para que seas santa e irreprochable ante El por el amor?
  1. El Padre por pura iniciativa suya ha destinado a Teresa para que sea una esposa para su Hijo, y en El sea su hija en el Hijo. Por su parte el Hijo quiere en Teresa amar al Padre, por el conocimiento y el amor.
  • ¿Has pensado que el objetivo de tu vida, sea que el Padre en ti ame a su Hijo y el Hijo en ti ame a su Padre?
  1. Dirá la madre de Teresita: «Me gustan los niños con locura, he nacido para tenerlos» ; «Cuando la llevaba en el seno, noté algo que nunca me había ocurrido con los otros hijos que tuve: cuando yo cantaba, ella cantaba conmigo…» (CF 85).
  • Tienes conocimiento del amor con qué tus padres te engendraron, y el amor con qué tu madre te llevó en su seno. Les has estado agradecida, los has amado, con afecto y con obras, has orado por ellos.

Notas

[1] Lo que personalizamos en Teresa, está destinado a todos, ya que como dice S. Juan de la cruz «la mano de Dios no es abreviada, con abundancia se difunde sin acepción de personas doquiera que halla lugar» (Llama de amor viva B, I, 15).

[2]  Este pensamiento estará en la mente de Teresa, y lo expresará en el escrito que dirigió a su hermana Celina en el día de su profesión religiosa, Jesús “se ha escogido desde toda la eternidad a un alma que le fascina y le cautiva entre millones y millones de otras almas que El ha creado también a su imagen” Carta 182, a sor Genoveva, 23.2.1896.

 

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