Los carmelitas reflejan la gran belleza interior de la Virgen María

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La Orden del Carmen tiene sus orígenes en el siglo XII. Los ermitaños latinos que vivieron en el Monte Carmelo, dedicaron una pequeña capilla a la Virgen. De esta pequeña semilla nació el gran árbol de la devoción a la Virgen. El hecho de dedicarle una capilla, en la mentalidad feudal, significaba ponerse completamente a su servicio, con un vínculo de pertenencia a «la Señora del lugar». Pero a la vez confiaban que Ella les protegería y se preocuparía vivamente de sus intereses.  María no defraudó la confianza que en Ella depositaron los Carmelitas. Fueron tantos los beneficios y la protección que de María recibieron, para recordar sus bondades y expresar su gratitud, los carmelitas instituyeron la fiesta del 16 de julio. Más tarde esta fiesta su fusionará con el don del Santo Escapulario. Por la extensión de las cofradías del Escapulario, esta fiesta se fue extendiendo a toda la Iglesia Universal.

El Carmelo no reconoce ningún fundador, pero es significativa la visión que tuvo Santa Magdalena de Pazzi: “Veía que todas las sendas conducían a un precioso jardín que comprendí que era el paraíso… Entendí que dichas fuentes y árboles eran los fundadores de las religiones, como San Agustín, Santo Domingo, San Francisco y otros fundadores…  Veía que la senda por donde caminaban (los carmelitas) … era mucho más notable que las otras, pero que no concluían en ninguno de aquellos árboles, ni de aquellas fuentes, sino en la Reina y Señora del Jardín, que es nuestra Madre, la Virgen María bajo cuya bandera vivimos nosotras…”[1]

El P. Xiberta escribía: El hombre entra en esta devoción prendido del exceso de amor que le manifiesta María… Ella derrocha amor… amor de Madre. Y las almas, vencidas, cambian el amor con amor. Así obra el bien y huye el mal…   Subyugados por el amor que nos mostró María… no buscamos otra cosa sino corresponder, con una vida santa, a tanto amor. Amando, fuerza a ser amada.[2]

A lo largo de los siglos, los Carmelitas han comprendido que la fuente del más puro amor a la Santísima Virgen, es el amor que Cristo tiene hacia su Madre. Por ello el Carmelita procura que sea Cristo quien en él y en ella ame y honre a la Virgen María.

El Carmelo es todo de María ha sido el lema que ha configurado la Orden Carmelita desde sus inicios. Este lema expresa que la Virgen María es la realidad primera y determinante que explica la razón de ser y la misión de la Orden en la Iglesia, seguir a Cristo, teniendo por modelo a su primera y mejor discípula, la Virgen María.

La Orden del Carmen no se ha distinguido en la Iglesia por sus grandes obras apostólicas externas, sino por la profundidad de su vida interior, como decía Pablo VI, una vida consagrada a la búsqueda del arte sublime de la oración y del trato intenso con Dios.  El Carmelo, según el teólogo carmelita P. Enrique Esteve, tiene como misión vivenciar en la Iglesia la vida interior de María.

En la vida de la Virgen María hay dos momentos claves en los cuales es inundada de gracias por el Espíritu Santo, que la harán capaz de llevar a término sus dos grandes misiones: la Encarnación del Verbo en la cual recibe todos los dones y gracias para ser Madre de Jesús, y en Pentecostés donde recibe con profusión los dones del Espíritu Santo, para ser Madre de la Iglesia. Los santos carmelitas encarnan con mayor o menor profundidad uno de estas dos dimensiones de la vida de María.

La Madre del Señor siempre vivió una confianza absoluta en Dios Padre, como una niña que se abandona en las manos de su padre, Sta. Teresa del Niño Jesús es un reflejo de la infancia espiritual de María.

La Sma. Virgen vivió en profundidad la inhabilitación trinitaria en su interior, Ella vivía en una constante adoración y alabanza a las tres divinas personas, la Bta. Isabel de la Trinidad y la beata Ángela Girlani son un pequeño reflejo de esta dimensión unión y adoración a la Sma. Trinidad.

Nadie como María pudo contemplar, alegrarse y cantar la profunda hermosura de Dios, San Juan de la cruz es el cantor de la belleza y hermosura de Dios.

La Virgen María fue profunda devota del Espíritu Santo que inundaba su alma de todo tipo de gracias, la más preciosa de ellas fue la Encarnación del Verbo que la hizo Madre. La Bta. María de Jesús crucificado es un reflejo de la veneración al Espíritu Santo.

María es la mujer que escucha la Palabra de Dios, la medita en su corazón y la hace vida. Un reflejo de ello es San Alberto de Jerusalén, en la Regla que escribió para los ermitaños del Monte Carmelo está llena de la Palabra de Dios, porque ésta abundada en su corazón y por ello brotaba copiosamente en sus labios y escritos. Como legislador de la Orden, aconsejó que los carmelitas estuvieran meditando de día y de noche en la ley del Señor, y velando en oración”. El beato Ángel Agustín Mazzinghi no sólo meditó día y noche en la ley del Señor, sino que fue un predicador insigne de la palabra de Dios.

La vida de María, hecha de silencio, vida interior y de unión, es una dimensión que la han vivido muchos santos del Carmelo, entre ellos: Sta. Teresa María Redi y la Bta. Juana Scopelli quisieron vivir escondidas con Cristo en Dios.

En la vida sencilla de Nazaret, María fue una mujer servicial que procuraba el bien de todos. La beata Josefa Naval y la sierva de Dios Teresa Mira nos ayudan a vislumbrar la entrega sencilla, llena de amor hacia todos que tuvo siempre la Santísima Virgen.

María es la mujer profundamente libre, así la describe San Juan de la cruz   La Virgen Nuestra Señora… nunca tuvo en su alma impresa forma de alguna criatura, ni por ella se movió, sino siempre su moción fue por el Espíritu Santo. Esta extraordinaria libertad de espíritu está presente en el beato Tito Brandsma, quien a pesar de las más graves amenazas denunció la incompatibilidad del nazismo con la doctrina de la Iglesia, muriendo después de un largo calvario en los campos de concentración nazi.

La Virgen de Nazaret a quien le fue enviado un ángel para anunciarle que había hallado gracia ante Dios, se sintió amada esponsalmente por el Espíritu Santo y el poder del Altísimo la hace Madre del Hijo de Dios. Esta profunda alegría de sentirse esposa y madre de almas desde la entrega virginal al Señor es vivido por muchas santas del Carmelo, entre ellas destaca Sta. Teresa de los Andes, quien con gran sorpresa experimenta el amor esponsal de Dios, y la vuelve loca de amor por Él.

A pesar que en el pueblo de Israel era considerado una desgracia el hecho de nacer mujer. María sintió el gozo profundo de ser mujer, el Magníficat es un reflejo de su alegría “Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador, porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Lc 1,46-48). Edith Stein luchó para que fueran reconocidos a la mujer los derechos propios de todo ser humano, y defendió el papel de la mujer en todos los ámbitos de la vida cultural y social.  Una vez convertida comprendió el valor profundo de la mujer en los planes de Dios y animó a las mujeres católicas a poner todos sus talentos en servicio de la Iglesia. Edith les dirá: la Iglesia nos necesita, es decir el Señor tiene necesidad de nosotras. Todo parece indicar que hoy llama el Señor a un gran número de mujeres para el ejercicio de tareas especiales en su Iglesia.

Como hija del pueblo de Israel, María se sabía instrumento para que la misericordia de Dios se hiciera realidad cumpliendo las promesas “en favor de Abraham y su descendencia para siempre” (Lc 1,55). También Edith, fue muy consciente que su oración y sufrimiento ofrecido a Dios por su pueblo sería redentor, ella misma lo expresa en sus escritos: “Tan sólo cuando estaba orando ante María, sentía revivir en mí una gran confianza en la salvación para mi pueblo que Dios, por Ella, nos concedería”.También han destacado en amor a su patria vivido de formas diversas: la beata María de los Ángeles, el beato Nuño Álvares y el beato Bautista Spagnoli.

María con extraordinaria solicitud se ocupó de la educación de Jesús, tanto en su formación humana como espiritual. De ello son reflejo la dedicación de San Enrique de Ossó y del Bto. Pedro Poveda para que la mujer trabajara en la educación humana y espiritual de la infancia y de la juventud.

La Sma. Virgen María que amaba a Jesús como hijo y como su Dios, sufría en lo más profundo el rechazo y el desamor de los hombres. Reflejo de ello es el dolor que experimentaba Sta. Magdalena de Pazzi porque “el Amor no era amado”.

La Madre del Señor al pie de la cruz, pudo contemplar como la sangre de su Hijo se iba derramando por sus heridas y como fue traspasado su corazón por una lanza, aquellas imágenes nunca se le borraron de su mente, y por aquellos sufrimientos de su Hijo, pedía al Padre el perdón y misericordia para todos los hombres. La Bta. María de Jesús nos recuerda a la Madre de Dios, cuando hacía compañía a Jesús en sus horas de agonía en la cruz, y el valor que tenía aquella preciosa sangre para ofrecerla para la salvación de todos los hombres. También se distinguieron en este celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas la Bta. Ana de San Bartolomé y la Beata Maravillas de Jesús, ella procuró la fundación de muchos conventos, donde el Señor pudiera encontrar sus delicias en los hijos de los hombres.

María aunque no sufrió martirio corporal es llamada la Reina de los Mártires. Cuando en el calvario se cumplió la profecía del anciano Simeón, los sufrimientos de su Hijo y el menosprecio con que era tratado fue como una espada que traspasaba su alma: Pero María en la pasión y muerte de su Hijo, no perdió su fe ni confianza en Dios Padre, ni se alejó del lugar donde su Hijo moría en la Cruz. El Concilio Vaticano II,  nos dirá: “mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz, junto a la cual, no sin designio divino se mantuvo erguida, sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado” (LG 58).

Tampoco muchos hijos del Carmelo han rehuido dar su propia vida en testimonio de su fe y amor al Señor, cuando él lo ha pedido a través de las circunstancias históricas de persecución a la Iglesia. Entre ellos están: San Ángel de Sicilia mártir del siglo XIII; los Beatos  Dionisio y Redento mártires en Sumatra; las Beatas Teresa de San Agustín y compañeras mártires de Compiegne, los beatos Juan Bautista, Miguel Luís, Jaime Gagnot y Jaime Retouret mártires de la revolución francesa; las Beatas Mª Pilar, Teresa y Mª Ángeles de Guadalajara y María Sagrario de San Luís Gonzaga, la sierva de Dios María del Patronicio de San José….  mártires de la guerra civil española, o Santa Teresa Benedicta de la Cruz, el Bto. Tito Brandsma mártires de la II Guerra Mundial.  El Bto. Luís Rabatá que murió perdonando al agresor que le hirió de muerte.

Después de la ascensión del Señor a los cielos, los Hechos de los apóstoles nos dicen que María que perseveraba en la oración junto con los discípulos de Jesús. La oración de María no cesó hasta alcanzar de Dios el don del Espíritu Santo para que les fortaleciera y fueran testigos del Señor hasta los confines de la tierra. En momentos de tribulación, cuando la Orden del Carmen podía desaparecer de la faz de la Iglesia. Según la tradición el General San Simón Stock no dejaba de pedir a Dios la protección de María. Según la tradición la Virgen María no sólo escuchó sus ruegos concediendo la subsistencia de la Orden en la Iglesia, sino que también le dirá que el escapulario de la Orden, “será el privilegio para ti y todos los carmelitas: quien muriese con él no padecerá el fuego del infierno, es decir, el que con él muriese se salvará”. San Simón no sólo alcanzó un bien para la Orden, sino para todo aquel que quiera acogerse a la protección del Escapulario del Carmen.

Con la ascensión de Jesús a los cielos, María ya no podía tener consigo la presencia de su Hijo sino a través de la Eucaristía. Ejemplos de este amor, fe y adoración a la presencia de Jesús en el sacramento de la Eucaristía lo son el beato Bartolomé Fanti, la Bta. Teresa Mª de la Cruz y Herman Cohen.

Pablo VI en la Exhortación Apostólica Marialis cultus pidió que los pastores y teólogos reflexionaran sobre la misteriosa relación existente entre el Espíritu de Dios y la Virgen de Nazaret, así como su acción sobre la Iglesia (nº 27). Sta. Teresa de Jesús podría ser un reflejo de la acción maternal de María sobre la Iglesia naciente. Teresa por voluntad del Señor funda pequeñas comunidades, es extraordinaria su solicitud para con todos, se preocupa por cada uno de ellos, tanto en sus sufrimientos espirituales, sus enfermedades físicas o psíquicas. La primera comunidad eclesial experimentó la persecución, los discípulos siempre encontraron en María un puntal firme las persecuciones de que eran objeto. Teresa fue una mujer firme en momentos de persecución, de ella solo salen palabras de fe, de esperanza y confianza en Dios, además hace descubrir a todos como las circunstancias adversas vividas desde la fe conllevan un verdadero crecimiento espiritual. Con la lectura de los escritos de Sta. Teresa, sobre todo de sus cartas, no puede brotar de los labios otra palabra “Es una verdadera madre”. Le importan sus hijos e hijos espirituales, mientras vivió en la tierra se dedicó a ellos a tiempo pleno, y lo sigue haciendo desde el cielo, Teresa es un verdadero reflejo de la maternidad espiritual de la Virgen Santísima hacia todos los redimidos por Cristo.

La gran aportación de Teresa en la Iglesia, no es otra que ser el reflejo de María que guardaba todas las cosas y las meditaba en su corazón. Teresa de Jesús fue meditando la acción de Dios en su vida y la transmitirá por medio de sus escritos, convirtiéndola en maestra de espirituales para la Iglesia universal de todos los tiempos.

María no sólo guardaba y meditaba las cosas en su corazón, sino que daba testimonio de su Hijo a la primera comunidad eclesial, en especial al apóstol Juan, quien posiblemente alcanzó el profundo conocimiento de Jesús gracias a María. San Juan de la Cruz, Miguel de San Agustín fueron insignes directores espirituales llevando a sus dirigidas a la más alta unión con Dios y con María en el caso de Miguel de San Agustín.

Aunque los Hechos de los Apóstoles nos describen de forma idílica la primera comunidad cristiana “Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común” (Hch 2,44). No faltaron desavenencias y problemas, María debía ayudar a restablecer la paz y la concordia desde la oración, la delicadeza, la caridad y la prudencia. Estas virtudes las encarnó San Rafael Kalinowski, como lo testifican las Carmelitas Descalzas por él atendidas, ya que ayudaba a las comunidades a vivir en la concordia y en la armonía de opiniones y sentimientos.

María la primera y más perfecta discípula de Jesús ha velado siempre para que la Iglesia se mantenga fiel a las enseñanzas de Cristo. Así mismo el beato Juan Soreth encarnó el carisma del Carmelo y trabajó incansablemente para que la Orden se mantuviera fiel a este carisma. También el siervo de Dios Bartolomé Xiberta encarnó, investigó y propagó el carisma del Carmelo con verdadero celo.

La Virgen María veló para que la Iglesia primitiva se mantuviera unida a pesar de las distintas culturas de sus miembros, los judíos y los provenientes del mundo griego, en vida suya se mantuvo unida la Iglesia. También trabajaron incansablemente por la unidad de la Iglesia: San Pedro Tomás y el beato Ciriaco Elías Chavara.

A pesar de las dificultades que sufriera la Iglesia naciente, nadie como María podía cantar la belleza de la Iglesia. Ella conocía bien a los apóstoles, sabía que habían sido tardos en creer a Jesús, sus rivalidades por ocupar el primer lugar, miedosos al sufrimiento, en la cruz dejaron solo a su Maestro, y se fueron cada uno a sus asuntos. Después de la venida del Espíritu Santo aquellos discípulos de Jesús cambiaron radicalmente, daban testimonio de la resurrección, y si eran encarcelados se alegraban de sufrir por su Señor. Tampoco rivalizaron en quien sería el primero. Tanto Pedro como los demás apóstoles se dedicaron con exclusividad al servicio de la Iglesia, disponibles para anunciar la Buena Nueva hasta los confines de la Tierra. María contemplaba gozosa la Iglesia y cantaba su belleza. A quien mejor se le ha concedido este don es al Bto. Francisco Palau. Sus escritos son un verdadero canto de amor a la belleza de la Iglesia, el cuerpo Místico de Jesucristo sin mancha ni arruga.

María en su servicio a la Iglesia, fue admirable por su caridad, celo por la gloria de Dios, prudencia, amor a los pobres, también lo fue San Andrés Corsini y las fundadoras de congregaciones carmelitanas como Rosa Ojeda, Elisa Oliver, Asunción Soler, Teresa Toda y Teresa Guasch.

Toda la acción de María en bien de la Iglesia provenía de su vida orante y de su unión con Dios, siendo Ella la más pura de las criaturas. San Alberto de Trápani fue ejemplo eximio de pureza y oración.

Santa Joaquina de Vedruna es la santa que más dimensiones humanas ha vivido de la Virgen María. Juan XXIII en la homilía de su canonización dirá de ella “Conquistada por el amor de Dios y del prójimo, vivió heroicamente el Evangelio en todos los estados posibles a una mujer, hasta fundar una familia religiosa que encuentra en la caridad su única razón de ser”. Sta. Joaquina es reflejo de María, al desear consagrar en su adolescencia su vida a Dios en el Carmelo. Ser esposa y madre gozosa entregada del todo a su familia, que al enviudar se entrega al servicio de los pobres. Es llamada por Cristo a convertirse en madre espiritual de una fecunda familia religiosa adscrita al Carmelo. Las Btas. Francisca de Amboise y María de la Encarnación también se santificaron en todos los estados de la vida, tanto en la vida matrimonial o como religiosas carmelitas, ambas introdujeron el  Carmelo en Francia.

Sta. Teresa del Niño Jesús un mes antes de morir en plena sintonía con los sentimientos de María dijo: “Sabemos muy bien que la Sma. Virgen es la Reina de cielos y tierra, pero es más madre que reina, y no se debe decir a causa de sus prerrogativas eclipsa la gloria de todos sus santos… ¡Una madre que hace desaparecer la gloria de sus hijos! yo pienso todo lo contrario. Creo que ella aumentará en mucho el esplendor de los elegidos” (UC 21.8.3). Todos los santos del cielo son testigos de lo mucho que ha velado la Virgen María en el camino de su santidad y se goza que sean conocidos para que Dios sea alabado en sus santos. Pero también los santos llenos de agradecimiento, desean que cada día resplandezca más la bondad y la belleza de su buena madre celestial.

Ciertamente que  se gozarán que  su vida sea un pequeño reflejo de la inmensa belleza interior de la Virgen Santísima que en el cielo pueden contemplar sin velos, reflejo de la suma hermosura de Dios, que ha hecho al ser humano a su imagen y semejanza. María es la que Dios ha colmado de todas las gracias, es la más lejana a nosotros en perfección pero la más cercana en el amor, como una madre está cerca de cada uno de sus hijos.

Cada carmelita debe discernir por que caminos el Espíritu Santo le va guiando, para potenciar el ser reflejo de la gran belleza interior de María. De la Madre del Señor no tenemos testimonio escrito de su vida interior, los carmelitas somos llamados a ser testimonios vivientes de su extraordinaria belleza interior.

_________________________________

[1] Citado por Idelfonso de la Inmaculada, La Virgen de la contemplación, Ed. De Espiritualidad, Madrid 1973, 141.

[2] P. Xiberta,  Amando se hace amar  en El Santo Escapulario, 47, pp. 228-229.

 

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